
El rugido del agua: Cataratas del Iguazú y la selva misionera
La Garganta del Diablo con la ropa mojada y la sonrisa de punta a punta. Después, lancha, senderos y mariposas que se te posaban en el hombro.
Llegamos a Puerto Iguazú con calor de enero y un grupo con chicos que no se quedaban quietos. El primer día fue de adaptación: pileta, cena temprana y charla de cómo íbamos a encarar el parque.
Día 2 — La Garganta del Diablo
El tren te lleva hasta el inicio del sendero y después caminás por encima del río, entre la selva, hasta llegar al mirador de la Garganta del Diablo. El sonido te avisa antes de que lo veas. Estuvimos ahí un buen rato, con la ropa mojada y todos riendo. Los chicos no lo podían creer.
Día 3 — Circuito Inferior y paseo en lancha
El Circuito Inferior te acerca al agua desde abajo. Y después, el paseo en lancha: te mete debajo de las cataratas. Volvimos empapados, felices y con el celular a salvo en una bolsa seca. Por la tarde, sendero por la selva y mariposas que se paraban en los hombros de todos.
El último día cruzamos al lado brasileño, que da la panorámica completa: ves las cataratas enteras, de frente. Es la foto que todos querían. Cerramos con una cena de pescado del río y la promesa de volver. Cinco días que para los chicos fueron, según sus propias palabras, 'el mejor viaje de la vida'.
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